Campesina mauritana Aissata
Abdoul Diop con mazorcas secas
(Foto: Pablo Tosco/Oxfam)

Un nuevo estudio demuestra que el impacto a futuro del cambio climático en el precio de los alimentos se ha subestimado, mientras los gobiernos del Norte no parecen dispuestos a aceptar nuevos recortes en sus emisiones de gases invernadero, a pesar de que solo restan siete semanas para alcanzar un acuerdo sobre un segundo periodo de compromisos del Protocolo de Kyoto en sustitución del primero, que vencerá el 31 de diciembre.

“Al cabo de la más reciente ronda de negociaciones sobre cambio climático en Bangkok (del 30 de agosto al 5 de septiembre), no hubo movimientos de los países industrializados para aumentar su reducción de emisiones. Los compromisos escuetos y sometidos a muchas condiciones exhibidos en Durban en diciembre pasado permanecen incambiados”, escribieron Chee Yoke Ling y Hilary Chiew, ambas de Third World Network (TWN), en su análisis para el sitio web South-North Development Monitor (SUNS).

“A pesar de que la evidencia científica sobre el agravamiento del cambio climático se acumula, los países industrializados carecen de la voluntad de cumplir con sus obligaciones legales e imponerse recortes mayores en sus emisiones de gases invernadero en el marco del Protocolo de Kyoto”, concluyeron las expertas.

Representantes de organizaciones de la sociedad civil reaccionaron con ira al finalizar las negociaciones en Bangkok, y consideraron evidente que la octava sesión anual de la Conferencia de las Partes del Protocolo de Kioto a realizarse en Doha del 26 de noviembre al 7 de diciembre no aprobará nuevas acciones sobre cambio climático para esta década.

“El gobierno estadounidense se opone a un cambio radical de estructuras para un segundo periodo de compromisos del Protocolo de Kyoto”, dijo Meena Raman, asesora legal de TWN. “Pretende un sistema de compromisos voluntarios en materia de recorte de emisiones que no se basa sobre la ciencia ni sobre la equidad.”

“Estados Unidos y sus aliados quiere que la ONU mantenga silencio en las cuestiones sobre las que no se alcanzaron acuerdos. Seamos claros: eso significa que pretenden que la ONU se calle en lo que se refiere a solucionar el cambio climático. Estados Unidos sostiene una bola de demolición sobre la convención sobre cambio climático y sobre cualquier esperanza de detener la catástrofe.”

La conferencia en Bangkok “terminó arruinada por los choques entre países ricos y pobres, los intentos de reabrir deliberaciones sobre cuestiones controvertidas como la medición de las emisiones de los diferentes países y la cooperación en financiamiento, adaptación y transferencia de tecnología”, explicó el periodista Kevin Wafula en un informe publicado por el sitio web de Africa Science News.

Los “supuestos avances clave” de la Conferencia de las Partes de Durban en diciembre pasado “se endentecieron a medida que la Unión Europea (UE) se negó a aceptar mayores recortes a sus emisiones y otros, como Australia, dejaron sin efecto sus promesas”, añadió.

Las reuniones en Bangkok se realizaron luego de que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informaron el mes pasado que su Índice de Precios se elevó seis por ciento en julio, al influjo de las olas de calor y las sequías en Estados Unidos y otros eventos climáticos extremos en India, Australia, Rusia y varios países más. Este encarecimiento despertó al fantasma de una nueva crisis mundial como la que en 2007 y 2008 golpeó con dureza a grupos sociales pobres y vulnerables de todo el mundo, según expertos.

 

Aumentan los precios por eventos climáticos

El mismo día en que concluyeron las reuniones en Tailandia, Oxfam publicó un informe titulado “Clima al límite, precios al límite”, dirigido por el economista alemán Dirk Willenbockel, del Instituto de Estudios sobre Desarrollo de la británica Universidad de Susex. El estudio pronostica que “el encarecimiento de los alimentos empeorará a medida que los eventos extremos causados por el cambio climático devastarán la producción alimentaria”.

Aplicando un modelo dinámico de la economía mundial que contempla la relación entre regiones, el informe va más allá de los ya alarmantes análisis habituales sobre el impacto gradual del cambio climático. Así, expone “cómo los eventos meteorológicos extremos en un solo año pueden ocasionar aumentos de precios de magnitud comparable a los de dos décadas de encarecimiento continuo”.

Algunas de las conclusiones de la investigación son las siguientes:

■ Incluso manteniendo una hipótesis conservadora, otra sequía que afectara a Estados Unidos para 2030 podría provocar un aumento del precio del maíz de hasta 140 por ciento, por encima del precio medio de los alimentos que, de acuerdo con las estimaciones, se habrá duplicado para ese año respecto del presente.

■ Las sequías e inundaciones en el sur de África podrían hacer aumentar hasta 120 por ciento el precio del maíz y otros cereales secundarios al consumidor. Un incremento de tal magnitud supondría hoy un aumento desorbitado del coste de un saco de 25 kilogramos de maíz (que alimentaría a una familia pobre de África durante cerca de dos semanas), de 18 a 40 dólares.

■ Una sequía que afectara a toda India, unida a graves inundaciones en todo el sudeste asiático, podría suponer un encarecimiento del precio internacional del arroz de 25 por ciento, lo que podría provocar, a su vez, aumentos drásticos de hasta 43 por ciento (sumado al incremento previsto a largo plazo de los precios) en los mercados de países importadores del grano como Nigeria, el país más poblado de África.

“El enorme impacto potencial de los fenómenos meteorológicos extremos en el precio de los alimentos a futuro no se ha tomado en cuenta en el actual debate sobre cambio climático. El mundo debe abrir los ojos y darse cuenta de las dramáticas consecuencias que nuestro sistema alimentario puede sufrir si no actuamos”, dijo Tim Gore, experto en políticas sobre cambio climático de Oxfam.

En los escenarios delineados por Willenbockel para el estudio que dirigió, “el precio promedio de los alimentos básicos podría más que duplicarse en los próximos 20 años en comparación con las tendencias de 20120, y hasta la mitad del aumento podría ser causada por cambios en los patrones de temperatura y de lluvias”.

Según el informe, entre 2010 y 2030, éstas serían algunas de las consecuencias en los precios internacionales promedio para la exportación:

■ Los del maíz podrían aumentar 177 por ciento, con hasta la mitad de ese incremento causado por el cambio climático;

■ Los del trigo podrían aumentar 120 por ciento, con hasta un tercio de ese incremento causado por el cambio climático; y

■ Los del arroz procesado podrían aumentar 170 por ciento, con alrededor de un tercio de ese aumento causado por el cambio climático.

 

La sociedad civil propone soluciones viables

Más de 120 organizaciones de la sociedad civil aportaron soluciones factibles a este tétrico panorama en un “manifiesto de preocupación” emitido en el marco de la Segunda Conferencia sobre Agricultura, Seguridad Alimentaria y Cambio Climático realizada en Hanoi del 3 al 7 de septiembre. En ese sentido, propusieron a la comunidad internacional cambios significativos a los criterios predominantes, de los “enfoques basados sobre el mercado” a “concentrar la atención en proteger la agricultura del cambio climático”.

“El cambio climático ya amenaza los medios de sobrevivencia y la seguridad alimentaria de los pobres y vulnerables. El modelo industrial de producción agrícola amenaza la viabilidad de los ecosistemas y contribuye masivamente con el cambio climático. Frente a la emergencia, se necesita nada menos que un cambio de sistema –hacia la agricultura ecológica, basada sobre principios que crean suelos saludables y protegen la diversidad biológica, y que priorizan los conocimientos tradicionales y de los campesinos”, alertaron las organizaciones.

“Nos frustra que los campesinos, productores de pequeña escala y pueblos indígenas, que proveen 70 por ciento de los alimentos del mundo, siguen siendo dejados de lado del debate”, agregaron. Al mismo tiempo, llamaron “a una transición global hacia la agricultura ecológica; a concentrar la atención en permitir a los campesinos, pequeños productores y comunidades locales e indígenas adaptarse al cambio climático; a asegurar adecuada financiación pública a la agricultura; y a evitar cuestionables mecanismos tecnológicos y de mercado”.

Entre las 121 organizaciones firmantes del “manifiesto de preocupación” figuran TWN, Amigos de la Tierra Internacional y varias de sus filiales nacionales, la Coalición Asiática de ONG para la Reforma Agraria y el Desarrollo Rural, Center of Concern, Wa ron Want, Focus on the Global South, Institute for Policy Studies, Biofuelwatch, Biowatch, la Red Intercontinental de Organizaciones de Agricultores Orgánicos, el Instituto Oakland y el Instituto Internacional.

Fuente: Social watch

 

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